Un abrazo a nuestra tierra
martes, 2 de marzo de 2010 by Mar Fósil
martes, 2 de marzo de 2010 by Mar Fósil
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martes, 26 de enero de 2010 by Mar Fósil

La poesía de Raymundo “Tigre” Pérez es a la vez reflejo y una revelación o nacimiento del movimiento Chicano. Pérez, como sus contemporáneos, capturó e interpretó las inquietudes políticas, culturales y sociales del mundo chicano a través del verso. Como muchos poetas de distintos movimientos, el visionó los significados y sentidos de un cambio social encarnado en el movimiento Chicano. Inspirado por el movimiento, adoptó un rol de político trovador reuniendo su gente en torno a una revolución, con el contenido de obtener justicia social. Durante sus años peak como poeta, 1970 a 1872, Pérez defendió la revolución y retrataba “el Movimiento Chicano como el foco principal del proceso” de acuerdo al crítico Charles Tatum. La poesía y la política, entonces, se fusionaron para darle al Tigre forma y un público que lo escuchaba.
Nacido en Marzo de 1946 en un garaje de Laredo, Texas, la poesía de Pérez era cercanísima a la sociedad que describía. El creció en las calles de Laredo, como hijo de un boxeador que terminó siendo sobrecarga en barcos, y de una madre de indígena Tarascan de la región de Pátzcuaro, Michoacán, México.
La devoción de su madre era la religión, y ella nunca perdió la fe a pesar de lo mal que las cosas estaban. El trabajo de Pérez refleja la actitud de lucha de su padre, y el espíritu femenino y persistente de su madre. La revolución social y la poesía de protesta de Pérez, aparecieron a una edad temprana, eligiendo un camino de poca aceptación con sus padres, atendiendo ideales utópicos para esos tiempos. En ese contexto, su abuela se transformó en su mayor influencia, tal como el ha señalado. Ella una vez le dijo: “El mundo es una bestia feroz que sólo quiere devorarte, ¡ten cuidado!” Al parecer, Pérez tomó este aviso de corazón, y aprendió a defenderse con una retórica política y el lenguaje de la poesía.
Su interés en poesía comenzó cuando estaba en enseñanza básica, siendo ridiculizado y humillado por sus escritos. El no se insertaba bajo los conceptos establecidos por la poesía tradicional. Esta característica se encuentra durante toda su obra, es evidente, prosaico, con una oratoria directa y tono desafiante.
Su poca conformidad, también hizo que fuera expulsado del colegio el primer año de media en el Junior Collage de Laredo. Fue calificado como terco, rebelde y soñador, fanático de hablar en público. Todas las duras críticas no detuvieron a Pérez, quien continuó con sus estudios. Más adelante fue al College Metro State en Denver, y luego transferido a la Universidad de Colorado. Finalmente se graduó de la College Oberlin en Ohio, con un título en políticas sociales.
Libre, Libre al fin (1970) uno de sus escritos más tempranos, distingue a Pérez como “uno de los primeros poetas que habló contra la guerra de Vietnam” (según el crítico Tatum) Publicado casi dos años después de la pasada de Pérez como artillero del ejercito en Hanoi, sus escritos están dedicados a “mis hermanos de armas de los Estados Unidos, de América, y del Mundo”. Se proclama a sí mismo como “La voz de truenos y armas” y define paralelos entre el sufrimiento de los Chicanos en Vietnam, y la crueldad inflingida a los Chicanos cuando volvieron a USA por parte de campesinos y dueños de campos de trabajo.
Pérez se ve a sí mismo como un espíritu salvador, hablando en nombre y defensa de su pueblo: “Soy la luz de los muertos Vivientes / El corazón de la Revolución”.
También se ve a si mismo como un relator de eventos, el guardián de una historia que ayuda a unir el pasado, el presente y el futuro. El desea dejar remanentes, recuerdos del movimiento Chicano, porque no quiere que las generaciones del futuro olviden el motivo por el cuál son libres. Dice: “Les escribo a ustedes, personas del mañana” y personifica el movimiento como un “hijo de cualquiera” en su poema “Hasta la Victoria Siempre”. Pérez afirma su propia identidad en la poesía “El Caminante Mexicano-Americano” y realiza la pregunta retórica: ¿Qué eres tú? Al contar y describir lo que el es, en el mismo poema. El mensaje que transmite su poesía es que un fuerte sentido de autoconocimiento e identidad, es la llave para la libertad individual. El se alegra por su gente: “somos libres, libres al fin / Porque sabemos quienes somos”.
El retorno de Pérez a la vida civil, posterior a Vietnam, lo llevó a trabajar como organizador comunal del Programa Vista de Movilización de Minorías. También, se afilió a la Organización de jóvenes Mexicanos – Estadounidenses (MAYO). El programa fue tan efectivo que “transformó Texas en otro lugar” de acuerdo a Pérez (en su ensayo autobiográfico “El Quetzal Emplumado” 1976).
Más adelante comenzó a editar varios diarios alternativos chicanos. Sus títulos: “Los Muertos Hablan” “El Valle de los Lamentos” o “Tierra Caliente” son expresiones metafóricas que representan las condiciones políticas y sociales de los Chicanos en Texas. Estos diarios salieron a publicación bajo estrictas y severas amenazas policíacas. La voz de Pérez, sin embargo, no calló. En los diarios encontró una forma precisa de oposición, para lo que el veía como un diario de promesas no cumplidas llamado “El Partido Viejo” que era el único existente de Laredo.
La represión política y los atropellos terminaron en la muerte de una persona y golpes y lesiones a Pérez y los asociados a él. Forzado a dejar el periodismo de diarios subversivos, Pérez se concentró en la poesía.
Los Cuatro (1970) dejó a Pérez como uno de los más importantes poetas del Sureste. Esta colección lo deja junto a poetas como Abelardo “Lalo” Delgado, Ricardo Sánchez, y Juan Valdez (Magdalena Ávila). Los Cuatro tipifica la conciencia colectiva de poesía chicana para esos tiempos. La voz de Pérez destaca por recolectar las emociones colectivas de su gente.
Traducción: Manuel O'Brien H. (gracias Manu)
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lunes, 18 de enero de 2010 by Mar Fósil

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miércoles, 6 de enero de 2010 by Mar Fósil

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jueves, 31 de diciembre de 2009 by Mar Fósil

En la prisión intercambio mi licencia de conducir por un aparato que parece un control remoto. El guardia me explica: "Presione el botón verde en caso de ser atacado y vendremos corriendo a socorrerlo." Me meto el dispositivo en mi bolsillo, con el cuidado de no accionar el botón por error.
La prisión de The Herman G. Stark Youth Correctional Facility en la localidad de Chino, estado de California, se aferra al continente por la franja terrestre del lado este de Los Ángeles. Allí se encuentran 800 jóvenes “custodiados por el estado”, en un encierro ubicado detrás de un hermoso y denso cerco de árboles. Alguna vez en el pasado, estas instalaciones contuvieron más de 1400 internos por sus crímenes. Confinados antes de la edad de dieciséis, un delincuente juvenil podía ser condenado de por vida, dándosele una segunda oportunidad en la revisión de su caso nuevamente a los 25. Pero en 1999 el estado de California aprobó la Propuesta 22, que definía la imputabilidad a los catorce en vez de los dieciséis, lo que definió que a los dieciocho años los delincuentes juveniles se transfiriesen a la prisión adulta.
“Armado” con mi botón de pánico, camino a través de las puertas de seguridad en donde la documentalista pública de la prisión me da la bienvenida oficial en su oficina adornada con afiches de Frida Kahlo. Par mí ella es quien puede aliviar el burocrático mar de papeleos de la prisión, permitiendo que un fotógrafo curioso como yo pueda tomar fotos de un medicine man (Líder Espiritual) indígena mientras realiza una ceremonia ancestral en una construcción llamada temazcal, con un grupo de criminales adolescentes.
La documentalista me escolta fuera del edificio de la administración hasta el gran patio central resguardado. No veo a ningún interno, apenas detecto sus ojos invisibles mirando a través de las estrechas ventanas de sus celdas. Dentro de esa atmósfera tensa, intento tranquilizar mi respiración. A la entrada hay un jardín adentro de una cerca de alambre de púas de unos cuatro metros de altura. Un hombre de unos 60 años con una larga trenza canosa que le cuelga por la espalda nos saluda: "Jimi Castillo es mi nombre" dice y sacudimos nuestras manos en el saludo. Él me da la bienvenida a ese jardín mientras traba la puerta detrás de nosotros. Él es el portador de la pipa sagrada de las tribus de Tongva y de Acjachmen, cuyas tierras ancestrales fueron Los Ángeles, y justamente en el lugar en donde hoy está instalada la prisión. En su tarjeta de visita se lee el título de Nativo Americano “Chaplin”. Con este nombre ha conducido ceremonias semanales de temazcal en la prisión, desde el año 1991.
Jimi me presenta a los encargados de preparar la ceremonia, y me muestra los espacios de la “casa del sudor”, más exactamente llamado, temazcal. Sobre la estructura del temazcal se ponen lonas que cubren la estructura curva hecha de varas de árboles. Es un espacio redondo, de unos 1.5 metros de alto y 6 metros de diámetro. Parece una cesta dada vuelta sobre un hoyo central en donde se depositan las piedras. Cuando todo esté listo y la pequeña entrada se cierre, el interior del lugar se hará oscuro como el interior de un útero. Un hombre joven llena unos baldes de agua y moja en ellos salvia seca. Otros dos, sudando ya, preparan un gran fuego que calienta cincuenta y seis rocas volcánicas, cada una del tamaño de un cráneo. Luego de un par de horas, cuando las rocas brillen intensamente como carbones encendidos, serán transferidas al hoyo central del temazcal. La ceremonia -que incluye la vaporización del agua sobre las rocas calientes para crear un tipo de sauna nativo- se ha practicado a lo largo del tiempo en gran parte de América por diversas tribus, como una manera de limpiar y de rogar a los espíritus de nuestros antepasados. Los misioneros, las iglesias, y más adelante, el gobierno federal, intentaron prohibir este 'rito' considerado pagano. Pero desde hace dos décadas ha habido un renacimiento de las ceremonias indígenas en el pueblo mestizo, cuyo auge ha permitido realizar hoy en día ceremonias de temazcal, incluso, en algunas prisiones.
Cuando me invitaron acá esperé ver a participantes morenos y de pelo oscuro, pero alrededor mío veo convictos de todas las razas posibles. ”Yo no hago distinción entre las razas humanas” me dice Jimi. “Cualquiera que provenga de la ‘tribu de dos patas’ es bienvenido a sudar con nosotros."
Jimi me muestra en una huerta; el maíz, las calabazas y las habas que los internos han sembrado en el lugar. “Quisiera que al entrar a través de esa puerta tengan la conciencia de que están dejando la prisión para entrar en tierra sagrada.” Agrega.
“Este es un lugar seguro, donde los muchachos tienen la oportunidad de sentir la tierra bajo sus pies desnudos, donde pueden sentir el sol y la lluvia en la piel. Acá pueden encontrarse consigo mismos, y quizás sanarse”. En una esquina, una capilla honra con fotografías a los muertos y en el otro extremo una tortuga de tierra se posa con dirección al este.
Caminamos entre los rastrillos, las palas y las horquetas usadas para trabajar en el fuego. Mi mano roza el botón de pánico que tengo en mi bolsillo, mientras que Jimi se percata de mi mirada de preocupación. “En la prisión adulta, una barra de hierro es soldada a los dientes de los tenedores para que no puedan ser usados para herir a nadie " él explica. " Pero aquí, donde sudamos, es el único lugar en esta prisión en donde nunca se ha derramado una gota sangre. Incluso en las iglesias de aquí han ocurrido peleas. Pero ellos saben que si se derrama una sola gota de sangre en este lugar quemaré el temazcal y me iré para siempre."
¿Cuántas fotos tira su cámara por segundo?” pregunta un hombre asiático, lleno de tatuajes rudos, rompiendo el hielo y presentándose como Huy. Él nació en Vietnam, pero se fue de allí con su familia en un barco en 1974. Peregrinaron a través de campos de refugiado antes de instalarse en San Diego. Culturalmente perdido, se introdujo a la sociedad a través de una pandilla, hizo algo terrible a la edad de doce años, y se transformó en un convicto desde entonces. Ahora tiene veintitrés, espera ser liberado en el 2007. Él nunca fue a un baile de fin de curso, nunca tuvo una novia, y nunca tuvo su graduación. "Pero es la soledad la que es difícil de soportar aquí adentro", me cuenta mientras nos colocamos alrededor del fuego. "Mi familia me visita raramente, y conseguimos llamadas telefónicas pero no alcanza más que para saludar, eso es todo. Paso, a veces, 23 horas al día adentro de una celda. Es difícil no volverse loco. A algunos de nosotros les pasa. La presión es demasiado grande, unos se pierden, otros intentan matarse." Él es el único asiático que trabaja en el temazcal. "He estado en los servicios musulmanes, en la iglesia cristiana y aprendí de todos ellos. Pero aquí," dice, "es el único lugar en donde me siento en casa. ¿No es extraño?"
Un hombre latino de gran tamaño, con un tatuaje en su pecho, echa leños al fuego. Mientras el humo se levanta, se presenta como Pedro. Pareciera que es el hombre-fuego de la ceremonia: sus brazos y piernas no tienen pelos porque se los ha chamuscado al lado de las llamas. "Atendía los fuegos en otra prisión del Norte", me dice. Le dieron libertad condicional, pero algunas semanas más tarde lo detuvieron por conducir con algo de alcohol en su cuerpo. Por su adicción a la bebida fue enviado nuevamente aquí para acabar su rehabilitación. Entró en contacto con Jimi, preguntándole si podría trabajar en el temazcal. Pronto Jimi lo dejó a cargo de calentar las rocas. Ahora, cada jueves, sale de su celda al mediodía para comenzar el fuego.
Los otros encargados del terreno terminan sus trabajos y se acomodan alrededor de las llamas. La cercanía los hace tocarse con los brazos a la altura de los hombros y a la altura del cuello. Entre ellos bromean. “Oye, Pedro, ¿cómo cuántos kilos has perdido últimamente haciendo el fuego? ¡Pon unas veinte piedras más y échale más leña, más caliente, para que se queme toda tu grasa!” Pedro sonríe y me guiña un ojo. “Se hacen los muy rudos ahora, pero adentro del temazcal estarán chillando en serio cuando se ponga bien caliente”.
Dos guardias –con el tintineo de llaves, bastones y radios de sus cinturones- escoltan a treinta reclusos hasta el patio cerrado, y una vez adentro, se apartan para mirar desde la periferia. Los internos han cambiado su traje azul de prisioneros por unos shorts grises holgados. Se van sentando debajo de un árbol en unas sillas salpicadas por excremento de pájaro. Dos de ellos hojean revistas de autos. Cinco tocan un gran tambor practicando una canción. Otros simplemente permanecen de pie, mirando fijamente al fuego.
Jimi Castillo pide la atención a todos, hace algunos avisos en voz alta y le da la bienvenida a dos nuevos miembros. Los primerizos cubren su nerviosismo cruzándose de brazos para parecer tranquilos, mientras Jimi les explica la ceremonia. Después, se les anima a que hablen y compartan experiencias en torno al fuego. Recientemente, dos miembros de bandas rivales, sentados debajo este mismo árbol, desistieron de su promesa de matarse el uno al otro.
Los reclusos hacen una fila al lado del temazcal. Sus cuerpos marcados llenos de cicatrices y tatuajes son gordos, por la mala alimentación de la prisión y por una visible carencia de ejercicio.
Jimi, ahora vestido con un pantalón corto, se agacha frente al fuego y reza. Luego se acuclilla para entrar por la pequeña puerta del temazcal, llevando un ala de águila y un bolso de hierbas. Mientras Jimi esparce circularmente un poco de tabaco en la tierra, Pedro ofrece en un recipiente de madera tabaco a cada uno de los participantes, y cada uno de ellos toma una pizca. Antes de entrar al temazcal, cada uno dice un rezo silencioso, entregando ese tabaco al fuego, después se dan vuelta uno en uno, se arrodillan dicen, " Por todos mis antepasados" y avanzan a gatas humildemente, ingresando al temazcal. Al ingresar, Jimi les pasa una pluma de águila por la espalda. Los dos guardias se mantienen a cierta distancia, desinteresados, jugando con sus aparatos.


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miércoles, 30 de diciembre de 2009 by Mar Fósil
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martes, 22 de diciembre de 2009 by Mar Fósil

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miércoles, 9 de diciembre de 2009 by Mar Fósil

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lunes, 23 de noviembre de 2009 by Mar Fósil
Un regalo para todos los que subieron a la montaña este año en Melosilla, a los que fueron a dejar morir de hambre y de sed a su ego, los que fueron tras su visión, los que ofrecieron su cuerpo por un rezo, por todas nuestras relaciones
La indómita luz
se hizo carne en mí
y lo dejé todo
por esta soledad,
y leo revistas
en la tempestad.
Hice el sacrificio
abracé la luz al amanecer.
Rezo, rezo, rezo.
Morí sin morir
y me abracé al dolor
y lo dejé todo por esta soledad,
ya se hizo de noche
y ahora estoy aquí,
mi cuerpo se cae
sólo veo la cruz al amanecer.
Rezo, rezo, rezo, rezo por vos.
Y curé mis heridas
y me encendí de amor,
y quemé las cortinas
y me encendí de amor,
de amor sagrado.
Y entonces rezo.
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martes, 17 de noviembre de 2009 by Mar Fósil
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- Temazcal social en Quilpué, 10:00 AM
Domingo 28 de noviembre:
- Temazcal social en Peñalolén, 10:00 AM más información...
- Temazcal social en Temuco, 12:00 AM más información...
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